martes, 28 de octubre de 2008

La droga del exterminio

El paco es el desecho de los distintos procesos de transformación de la pasta base de cocaína en clorhidrato de cocaína.

Esta droga apareció como "la opción económica para el que no tenía acceso a otras drogas". Personalidades solitarias, seres que temen ser abandonados y que buscan "pertenecer" aparecen como los más propensos a caer en esa adicción.

En una encuesta realizada entre estudiantes secundarios de todo el país, de un universo de 63.000 personas el 1,4 por ciento admitió haber fumado "paco" en alguna oportunidad. Casi 900, a diferencia del estudio anterior, de 2001, en el que muy pocos habían admitido que fumaban los restos de la pasta base usada en la producción del clorhidrato de cocaína, la clásica forma en la que culmina el proceso que comienza con la recolección de la hoja de coca.
El problema es que el paco genera una adicción rápida y un efecto efímero. Actúa sobre los centros de la voluntad. A los tres meses las personas que consumen paco pierden entre 15 y 20 kilos de peso, y a los seis meses ya tienen lesiones en el cerebro.




Esta entre nosotros.

El consumo de marihuana aumentó en el país entre 2004 y
2006 hasta el siete por ciento de la población, de acuerdo al Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (Conace).
Según el sondeo bianual, la prevalencia de la marihuana entre la población aumentó 1,7 puntos porcentuales, desde el 5,3 por ciento de 2004.
El alza se observa con más nitidez entre quienes tienen 19 a 25 años, quienes aumentaron el consumo desde 15,2 a 18,8 por ciento; y en adultos jóvenes -entre 26 y 34 años- quienes registraron un alza desde 6,5 a 9,7 por ciento. Entre los adolescentes, en tanto, la prevalencia llega a 7,8 por ciento.

Una sifra que aumenta.


Estadísticas recientes muestran que en la Argentina hay 20.000 drogadictos totales y cerca de 250.000 consumidores esporádicos. El 83 % de los pacientes tratados tienen entre 15 y 26 años de edad ( el 30 % de ellos tienen entre 15 y 18). El 80 % se droga con estupefacientes y psicotrópicos que se venden bajo receta en las farmacias y el 20 % restante es clientela del negocio ilegal, especialmente de marihuana (90 % de los casos). La mitad de los pacientes tratados no estudia ni trabajo, una tercera parte son hijos de padres separados.